miércoles, 10 de junio de 2015

Intolerancia al gluten y su relación con la intolerancia a la lactosa

http://www.singluten.es
La enfermedad celíaca se caracteriza por la intolerancia al gluten que resulta en daño inflamatorio de la mucosa del intestino delgado. Si se es intolerante al gluten también se puede llegar a desarrollar intolerancia a la lactosa si resultan dañadas las zonas donde la lactosa es digerida por el organismo.

¿Qué es la intolerancia al gluten?

Se trata de una condición en la que la persona experimenta distintos síntomas al ingerir el gluten (aunque algunos casos pueden ser asintomáticos). Cuando se padece celiaquía, ingerir gluten puede desencadenar una reacción inmunitaria que a la larga daña el intestino, generando así, problemas para absorber distintos nutrimentos, incluyendo vitaminas solubles en grasa como la K, D, A y E. También puede haber deficiencias y hierro, ácido fólico y calcio.

¿Qué es la lactosa?

La lactosa es un azúcar que se encuentra en la leche. Es un "disacárido" lo que significa que se compone de dos unidades de azúcar. Específicamente, la lactosa esta compuesta de una unidad glucosa y una unidad de galactosa.
Los disacáridos (entre ellos la lactosa) no se pueden absorber directamente en el intestino delgado, por lo que deben ser “separados” en una sola unidad de azúcar, monosacáridos. Las enzimas que se encuentran en el intestino delgado, son las responsables de este proceso.
Cuando alguien tiene intolerancia a la lactosa, la lactosa no digerida pasa a través del tracto intestinal donde causa síntomas familiares a cualquier persona que sufre de esta condición como diarrea, gases y distensión abdominal.

Intolerancia a la Lactosa

Las personas que padecen intolerancia a la lactosa pueden tener dificultar para digerir este azúcar de la leche.
La enzima que se encarga de digerir la lactosa, es conocida como lactasa, cuando la cantidad de lactasa es menor a la requerida, podemos presentar dificultad  para digerir los alimentos que la contengan, provocando distensión abdominal, gases y diarrea.
Es recomendable entonces evitar el consumo de dichos alimentos y buscar fuentes alternativas de Calcio, como las sardinas, los vegetales de hoja verde, las almendras, leche de soja, naranjas, semilla de sésamo y tofu.

¿Qué relación existe entre la celiaquía y la intolerancia a la lactosa?

Se ha establecido una relación entre la celiaquía y la intolerancia a la lactosa, ya que cuando padecemos celiaquía, las vellosidades a lo largo de la pared del intestino delgado pueda resultar afectado por la inflamación. Como resultado de este daño, no hay suficiente producción de lactasa, por lo que la digestión de lácteos se dificulta.
Cuando una persona es diagnosticada con enfermedad celíaca, muchas veces también descubren que son intolerantes a la lactosa y tienen dificultad para digerir la leche y los productos que la contengan.
Este tipo de intolerancia a la lactosa se llama "intolerancia a la lactosa secundaria”.  Es una forma temporal que se desarrolla como resultado de la enfermedad celíaca y resuelve en la mayoría de los casos una vez que se adopta la dieta sin gluten y el daño en las vellosidades del intestino se revierte.

Aprender a distinguir sus síntomas

La enfermedad celiaca carece de síntomas típicos, sin embargo, algunos de los que pueden presentarse incluyen diarrea, dolor y disensión abdominal. Otros síntomas son la irritabilidad, el malestar estomacal, dolor en las articulaciones, úlceras en la boca, erupciones cutáneas, problemas óseos y depresión.
Además, si existe malabsorción de nutrientes, puede ocurrir la pérdida de peso, debilidad y fatiga, en el caso de los niños, retraso en el crecimiento. Si además, se es intolerante a la lactosa, pueden presentarse calambres estomacales, distensión abdominal, náuseas y gases al ingerir lácteos.

Llamada de atención

Se han realizado distintos estudios para ver si existe una relación significativa entre la celiaquía y la intolerancia a la lactosa. En 2005, un estudio reveló que un 24% de las personas que padecían intolerancia a la lactosa, también reflejaban un daño significativo en las vellosidades de las paredes intestinales, sin embargo, no mostraban otros síntomas de celiaquía, por lo que se sugiere, a toda persona que es diagnosticada con intolerancia a la lactosa, realizarse un examen para descartar celiaquía, antes de ser puestos en una dieta libre de lácteos.
Debido a estos datos, se cree que muchas veces aconsejar una dieta libre de lácteos  podría ocultar los síntomas que señalan hacia una celiaquía, y en realidad el verdadero culpable de la intolerancia a la lactosa.
Al afectar las vellosidades intestinales, la enfermedad celíaca altera la absorción de nutrientes esenciales, y puede conducir a otras enfermedades graves  como la osteoporosis, la anemia, e incluso el cáncer. Las vellosidades intestinales también contienen la lactasa, la enzima necesaria para procesar la lactosa, el azúcar en los lácteos. Así que cuando se dañan las vellosidades, la intolerancia láctea es un resultado común.

Recomendaciones para el celiaco

Si existe una intolerancia a la lactosa secundaria a la celiaquía, se debe evitar el consumo de lácteos, y no ingerirlos hasta que los efectos de consumir el gluten se hayan revertido.
Una vez que la condición haya mejorado, podemos comenzar a reintroducir los lácteos, eligiendo las opciones que menos lactosa contienen como el yogur, los quesos, etc, e ir probando nuestra tolerancia a los mismos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario