lunes, 29 de septiembre de 2014

"Los laboratorios, nuestros grandes enemigos"

http://www.juntosbien.org

​ALLEN FRANCES

¿Cuál es el negocio? Inventar enfermedades de conducta o mentales, y medicar a los supuestos pacientes. Son millones y millones de dólares. Es la peor inflación: la de los diagnósticos médicos y el consumo de fármacos. Allen Frances es uno de los padres de la Psiquiatría moderna y director durante años del Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM), el libro de referencia de la Psiquiatría mundial. De pronto, el comenzó a denunciar la deriva que toma el tratamiento de muchas enfermedades y señaló con contundencia a los laboratorios medicinales como responsables.
 
Allen Frances: "Ya pasó con la industria del tabaco, debería pasar lo mismo con las farmacéuticas. Esta industria controlaba el mundo. El 65% de la población fumaba. Dominaban a políticos, la publicidad, parecían un Goliat invencible. Pero un pequeño grupo de personas educó a la gente. Y el índice de fumadores ha bajado hasta ser el 20%. Posiblemente una campaña para reducir el sobrediagnóstico tenga el mismo efecto. Tengo esperanza de que el varapalo para las grandes farmacéuticas sea igual que el de las grandes tabaqueras. Ahora hay más muertos debidos a los productos de las compañías farmacéuticas que a los cárteles de la droga. Muchas más sobredosis por narcóticos de prescripción médica y fármacos contra la ansiedad que por cocaína o heroína. Situaciones como estas no pueden continuar. Mi esperanza es que David venza a Goliat."


"La subjetividad asediada - Medicalización para domesticar al sujeto" es un libro editado en España pero que llegó tiempo un par de años atrás al mercado argentino, de 96 páginas, con Enrique Carpintero como compilador de textos de Patrick Coupechoux, Juan Pundik, Enrique Carpintero, y Allen Frances.
El ensayo diferencia qué es medicar (acto médico donde el fármaco se transforma en un instrumento del equipo interdisciplinario para trabajar con el padecimiento subjetivo) de qué es medicalización (los factores políticos, sociales y económicos que intervienen en la producción, distribución y venta de las grandes industrias de tecnología médica y farmacológica cuya prioridad es la tasa de rentabilidad).
En el texto, Allen Frances, uno de los autores del Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM versión IV), que contiene la clasificación de las enfermedades mentales según la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, y se usa en todo el mundo para decidir quién padece una enfermedad mental y quién no, anticipó que “lo peor esta por venir: el DSM-V, una pandemia de trastornos mentales”. 
Todo un personaje el tal Allen Frances porque lo suyo fue un escándalo.
Nuestros enemigos, los laboratorios
Días atrás, Miguel Ayuso entrevistó a Frances, catedrático emérito de la Univesidad de Durham, director de la “Biblia de la Psiquiatría”, para la web madrileña El Confidencial.
Frances le contó que él intentó elevar los criterios bajo los cuales se puede calificar a alguien como enfermo mental. Pero no lo consiguió. El DSM edición IV se empezó a utilizar, a juicio de Frances, de forma incorrecta para hacer explotar la burbuja de la inflación de diagnósticos + medicación. Hoy, sobre todo en USA, el 20% de las personas toman un medicamento psiquiátrico a diario y 25% de la población tiene un diagnóstico de enfermedad mental. Un desastre muy rentable para la medicina comercial.
Pero Frances no tenía intención de criticar públicamente su trabajo.
Todo cambió luego de una fiesta de la asociación: “Me horrorizó el ingenuo entusiasmo de las personas que trabajaban en el DSM edición V. Donde ellos veían magnificas oportunidades yo veía graves riesgos”, explicó Frances en su nuevo libro, "¿Somos todos enfermos mentales?" (Editorial Ariel). El nuevo DSM iba a ser un desastre, y su antiguo director se decidió a embestir de frente.
Frances advierte algo dramático: si tiene éxito el DSM V, presentado en mayo de 2013, el 81% de la población de entre 11 a 21 podría ser diagnosticada con una enfermedad mental. ¿Cuánto dinero es eso?
“Con el nuevo DSM –explica Frances–, tan sólo 2 semanas después de que alguien pierda a un ser querido, un médico puede diagnosticar depresión clínica. Si alguien tiene síntomas propios del duelo no acudirá a un psiquiatra, irá al médico de cabecera, que en USA pasa un promedio de 7 minutos con cada paciente. Quizás ni siquiera conozca al paciente bien”. ¿Cómo sigue la historia? Con una receta para que el paciente consuma antidepresivos.
Y no hay que ser un genio para darse cuenta de que el verdadero beneficiado de esta nueva situación es la industria farmacéutica. “Las farmacéuticas están alertando ya a los médicos que la depresión debe ser diagnosticada en personas que están pasando un duelo”, asegura Frances. “Es parte de su campaña de promoción”.
“Conozco muy bien a la gente que ha trabajado en el DSM V y no creo que tengan un interés sea ayudar a las farmacéuticas”, asegura Frances. “Es gente de buen corazón que ha tomado decisiones muy estúpidas, pero no por la presión de las farmacéuticas, sino porque han sobrestimado la importancia de su campo de estudio, sin darse cuenta del daño que puede hacerse cuando las cosas que pueden funcionar para ellos en la universidad se lleven a la práctica clínica”.
El periodista Ayuso agregó: "Pero lo que han logrado (los laboratorios medicinales) es casi peor: han conseguido que todos (médicos y pacientes) creamos que las drogas son la única solución a nuestros problemas". 
“Esta colosal industria está lavando el cerebro a todo el mundo para que tomen pastillas, aunque no las necesiten”, explicó Frances.
Él agregó: “Las farmacéuticas tienen millones de dólares, y la más brillante mercadotecnia, a la espera de encontrar cualquier nuevo trastorno para convertirlo en moda. Así ocurrió con el TDAH (trastorno por déficit de atención con hiperactividad). Tomaron la definición, que funciona bien si se usa con cautela, y la hicieron confusa en la práctica general”.
Para Frances, la inflación de diagnósticos es común a toda la práctica médica y es muy grave. “Si tienes 60 años y eres mujer, es casi imposible no tener osteoporosis, porque la definición de unos huesos ‘normales’ está basada en los huesos de las mujeres de 20 años”, aseguró el psiquiatra.
“Se ha patologizado todo”, lamentó.
Pero si esto ocurre con todos los campos de la medicina, en la enfermedad mental se complica. “En psiquiatría no hay análisis de sangre para saber si una persona es normal o no”, explica Frances. “Si la línea que separa a las personas a las que se les puede diagnosticar un trastorno y las que no se desplaza aunque sea un poco, y puedes presionar para que eso ocurra, la diferencia es de millones de pacientes”.
Volviendo al caso del TDAH: “La forma más fácil de predecir que un niño va a padecer TDAH es su cumpleaños. Si eres el niño más pequeño de tu clase, tienes el doble de posibilidades de padecerlo que si eres el más mayor. Estamos transformando la inmadurez en enfermedad, y en vez de tratarla en clase, estamos gastando millones de dólares en medicamentos”.
“Desde la perspectiva de la industria farmacéutica –continuó Frances– esto es genial. No hay mejor cliente que un niño. A las farmacéuticas no les interesa desarrollar antibióticos que la gente sólo va a tomar dos o tres días, pero van a hacer todo lo posible para vender medicamentos a los niños, porque serán consumidores para toda la vida”. 
Para Frances la solución a este problema es limitar el poder de las farmacéuticas y promover un regreso a la práctica clínica humanizada: “Cualquier problema múltiple se resuelve de forma más efectiva a través de la psicoterapia que a través de la medicación”. 
“Si pensamos en la vida de los pacientes es mejor gastar dinero en diagnósticos más precisos y cuidadosos y en psicoterapia, y menos dinero en aumentar los diagnósticos y la medicación”, subrayó.
Una conclusión inicial de JuntosBien: la Humanidad necesita encontrar el equilibrio y paz espiritual pero eso no lo concede un medicamento. 
Los niños medicados, adictos del futuro
También Carlos Manuel Sánchez entrevistó a Allen Frances, quien fue decano de la Facultad de Psiquiatría de la Universidad de Duke, en su caso para XL Semanal, también de Madrid.
Un fragmento del diálogo:
-Ud. dice que su decepción comenzó durante una fiesta, usted se percató de que algo iba mal con el nuevo manual...
-Sí, era una fiesta de psiquiatras que trabajaban en su redacción. Estaban eufóricos... Después de una hora de charla con mis colegas, me di cuenta de que me podían diagnosticar 5 enfermedades mentales según los nuevos criterios. Y le aseguro que soy una persona de lo más normal.
-¿Qué enfermedades?
-Me encantan las gambas y las costillas. Y cada vez que pasaba un mozo con la bandeja yo aprovechaba... Es un claro síndrome del comedor compulsivo. Además, se me olvidan los nombres y los rostros, lo que puede considerarse como un trastorno neurocognitivo menor. Mis preocupaciones serían fruto de un trastorno mixto ansioso-depresivo. Soy bastante hiperactivo y despistado, síntomas de trastorno de déficit de atención adulto. Y la pena que siento por la muerte de mi esposa se puede diagnosticar como un trastorno depresivo... ¡Ah!, y todo eso sin contar las rabietas de mis nietos, que padecerían un trastorno desintegrativo infantil. Nos estamos convirtiendo en una sociedad adicta a las pastillas. El 11% de los adultos y el 21% de las mujeres de USA tomaron antidepresivos en 2010; el 4% de nuestros niños toman estimulantes; el 25% de los ancianos en asilos han tomado antipsicóticos. Hay más visitas a urgencias y más muertes a causa de los medicamentos que por culpa de las drogas ilegales compradas en la calle. Las compañías farmacéuticas pueden ser tan peligrosas como los cárteles de la droga.
-¿Los laboratorios presionan a los que redactan el DSM?
-No directamente. Pero siempre están a la expectativa, buscando entre líneas las oportunidades de negocio. Aprovechan cualquier ambigüedad, cualquier trastorno no suficientemente definido... Y luego tienen un marketing muy potente que dirigen a los pacientes, con anuncios en televisión, revistas, Internet; y también a los médicos de atención primaria. El 80% de las pastillas las recetan médicos de cabecera después de una consulta de 7 minutos.
-Pero algo ayudarán las pastillas...
-No hay tratamiento preventivo para las demenciales seniles. No es algo que se solucione con pastillas. Pero creemos que son la panacea y nos acostumbran a ellas desde niños. Para tratar los berrinches infantiles, por ejemplo. ¿Nuestros hijos están más perturbados que los de generaciones anteriores o son víctimas de los intereses comerciales de los laboratorios?
-No lo sé. Dígame usted...
-Los niños son muy difíciles de diagnosticar. Influyen factores como la madurez o el desarrollo. Los más jóvenes de clase son los más propensos. Un niño puede parecer muy alterado esta semana y mucho más tranquilo a la siguiente. Deberíamos ser muy cautelosos en el diagnóstico. Y los padres deberían buscar segundas opiniones. Los psiquiatras infantiles a menudo son muy osados y los niños acaban pagando el pato. Según un estudio, el 83% de los menores de 21 años cumplían los requisitos para que les fuera diagnosticado un trastorno mental. Con el nuevo manual, esta cifra se puede aproximar al 100 por 100.
-¿Le preocupa que algunos aprovechen su mensaje para arremeter contra la psiquiatría?
-Yo creo en la psiquiatría. He tratado a miles de pacientes que se han beneficiado. Lo que me preocupa es que la psiquiatría exceda su ámbito de competencia. Un buen diagnóstico y un tratamiento cuidadoso salvan vidas y las mejoran. Pero un exceso también hace mucho daño. Y, a la larga, la gente puede perder la fe en la psiquiatría y no buscar tratamiento, lo cual puede ser fatal.
-¿Dónde trazamos la línea de lo que es normal?
-La mayoría de nosotros somos bastante normales. Lo que pasa es que somos diferentes. La naturaleza es sabia. Ha tirado los dados billones de veces y sabe que la diversidad es la mejor apuesta para sobrevivir a largo plazo. Los humanos no somos tan sabios. Tenemos una tendencia bastante idiota a jugarnos el futuro a una sola carta.
-Explíquese...
-Piense en la agricultura y la ganadería modernas. Nuestra fuente de alimentos depende ahora de un enorme monocultivo global de plantas y animales genéticamente homogéneos. 
-¿Y qué tiene que ver eso con la industria farmacéutica?
-Mucho. Los laboratorios están decididos a formar un solo monocultivo humano, un hombre estándar. Cualquier diferencia humana se convierte en un desequilibrio químico que hay que tratar con una pastilla. Transformar las diferencias en enfermedades es una de las mayores genialidades comerciales de nuestro tiempo, a la altura de Facebook o Apple. Pero es muy peligroso y muy dañino. La diversidad humana tiene alguna utilidad. Nuestros antepasados triunfaron porque en la tribu coexistían varios talentos. Había líderes narcisistas, seguidores felices de depender del líder, paranoicos que detectaban los peligros, personas obsesivas que hacían bien su trabajo, exhibicionistas que conseguían pareja...
-¿Qué le diría a sus colegas?
-Que se acuerden del juramento que hicieron. El legado de Hipócrates es hoy tan válido como hace 2500 años: sé modesto, conoce tus limitaciones y no hagas daño.
Cómo ganar dinero diagnosticando demencia
También Nuño Domínguez entrevistó a Allen Frances, en su caso para la web EsMateria:
-¿Cree que esta situación se ha propiciado de forma intencionada desde la industria farmacéutica?
-Las empresas farmacéuticas se preocupan principalmente de los beneficios, los dividendos, los accionistas y los sueldos de sus ejecutivos. Venden un producto. No deberíamos esperar que les importasen los pacientes. Tenemos que entender esto y sospechar de sus intenciones. Cuanto más puedan vender enfermedades, más beneficios tendrán. Por eso tenemos que ser escépticos, pero no enfadarnos con ellas. Estados Unidos es, junto con Nueva Zelanda, el único país donde los fármacos se pueden anunciar de forma directa al público. En la profesión médica hay gente que es corrupta y vendida a la industria, yo conozco algunos, pero en la mayor parte, el problema es que se les ha lavado el cerebro y además no tienen el tiempo suficiente para tratar al paciente.
-¿Por qué?
-Hipócrates dijo “lo primero es no hacer daño”. Y lo segundo, que es mejor que el médico conozca a la persona que tiene la enfermedad que la enfermedad que tiene la persona. En esta situación la forma de que los pacientes se vayan de la consulta felices es darles una muestra gratuita de un fármaco o una receta. Debemos tratar mucho mejor a la gente que está realmente enferma, pero también saber que la mayoría de la gente que va al médico porque atraviesan el peor momento de sus vidas, si no haces nada, se van a mejorar. Con placebo, el 50% o más mejorará en poco tiempo. La mayoría de la gente que toma la pastilla van a mejorar, pero no por el medicamento, sino por el efecto placebo. Una vez hayan mejorado, no sabrán la diferencia y puede que sigan tomando el fármaco durante mucho más tiempo cuando ni siquiera lo necesitan.
-¿Cuántos beneficios ha dado la investigación en este campo?
-Ha habido una explosión en nuestro conocimiento en la neurociencia y la genética del desarrollo humano. 40 años de avances científicos increíbles. Pero esos hallazgos, por ahora, no han servido para ayudar a ni un solo paciente. La traslación desde la ciencia básica a la práctica clínica es un problema terrible en toda la medicina. En psiquiatría es especialmente terrible porque el cerebro es el objeto más complejo del universo conocido. 100.000 millones de células, 1.000 conexiones neuronales por cada célula… es complicadísimo. No tenemos la habilidad para entender cómo el mal funcionamiento del cerebro se traduce en un comportamiento determinado. Lo que sí ha sucedido es que, debido al tremendo entusiasmo que ha habido en la ciencia biológica básica ha habido una tendencia a acercarse a los problemas mentales como si solo fueran biológicos y a pensar que la solución solo vendrá desde ese campo. Mi opinión es que eso tardará muchas, muchas décadas en entender cada dolencia. No podemos dejar que el futuro nos haga olvidar nuestras responsabilidades presentes, que son tratar a los pacientes que tenemos con las mejores herramientas de que disponemos y sin cegarnos pensando que todo es biología. Los psiquiatras deberían ser más cautos a la hora de recetar fármacos.
-¿Qué impacto en la salud pública puede tener la sobremedicación?
-No es un problema solo de la psiquiatría. Tenemos un enorme problema de sobretratamiento de diabetes, hipertensión, osteorporosis…Los fármacos tienen importantes efectos secundarios, en especial los antipsicóticos. Causan obesidad, más riesgo de diabetes y dolencias coronarias, reducen la esperanza de vida… Es como en Un mundo feliz, donde toda la población, todos los días, se toma una pastilla, el soma. Les hace consumir como locos y tener sexo como locos y les ayuda a pasar el día. En Estados Unidos si sumas la gente que toma estos fármacos con los que toman algún tipo de droga, englobas a un tercio de toda la población. Dicho esto, es importante no retirar la medicación de golpe, pues esto puede causar efectos peores que los iniciales. La retirada debe ser lenta y con la supervisión de un médico.
-¿Cómo se soluciona este problema?
-Ha habido una generación entera de médicos que han sido mal orientados y educados por la industria farmacéutica. Debemos reeducarles. En Australia, por ejemplo, hay una agencia gubernamental que envía agentes a los médicos, comerciales como los de las empresas pero que van a instruirles sobre la medicina basada en la evidencia, para contrarrestar la educación que han recibido de la industria. Pero si hay una cosa que mejoraría la vida del paciente sería controlar a las empresas farmacéuticas y su marketing engañoso.
-¿Cómo hacerlo?
-Ya pasó con la industria del tabaco, debería pasar lo mismo con las farmacéuticas. Esta industria controlaba el mundo. El 65% de la población fumaba. Dominaban a políticos, la publicidad, parecían un Goliat invencible. Pero un pequeño grupo de personas educó a la gente. Y el índice de fumadores ha bajado hasta ser el 20%. Posiblemente una campaña para reducir el sobrediagnóstico tenga el mismo efecto. Tengo esperanza de que el varapalo para las grandes farmacéuticas sea igual que el de las grandes tabaqueras. Ahora hay más muertos debidos a los productos de las compañías farmacéuticas que a los cárteles de la droga. Muchas más sobredosis por narcóticos de prescripción médica y fármacos contra la ansiedad que por cocaína o heroína. Situaciones como estas no pueden continuar. Mi esperanza es que David venza a Goliat.
-¿Hay algo bueno que hayan hecho las grandes farmacéuticas?
-Realmente no. Han actuado con egoísmo y han hecho muy poco por los pacientes. Los nuevos fármacos que han introducido no son más efectivos que los que ya había y además tienen efectos secundarios diferentes, pero aún problemáticos. La mayor parte de la investigación de la industria se dedica a los fármacos me-too [el mismo medicamento con una modificación mínima] que permite ampliar la vida de las patentes. Y además se gasta el doble en marketing e influencia política que en investigación Es una hoja de servicios penosa.
-Usted alerta del futuro de la medicalización de la demencia.
-La comercialización de este campo ya está comenzando. Se dice que la gente debe hacerse escáneres cerebrales a partir de cierta edad, hacer ejercicios mentales que están patentados, medicación para prevenir el alzhéimer. Pero hay que recordar que no tenemos tratamiento bueno para la demencia ni la predemencia, nada que parezca prometedor en el futuro. Sobre esos juegos de ejercicio mental que venden, hay que saber que puedes obtener el mismo beneficio leyendo el periódico o haciendo cosas por ti mismo y que probablemente la mejor manera de prevenir la demencia es hacer ejercicio. Enviar más sangre al cerebro es más importante que hacer crucigramas. No deberíamos medicalizar el envejecimiento. Tenemos gente muy enferma en el mundo que necesita tratamiento. Cuidémosles a ellos y no creemos nuevas enfermedades y malgastemos dinero en ellas.
5 enfermedades que no lo son
Frances relató 5 enfermedades que no lo son pero que se pondrán de moda a partir de la nueva interpretación de qué es una enfermedad psiquiátrica.
> Duelo por la pérdida de un ser querido. "Durante un tiempo, la gente experimenta, en su proceso de duelo, los mismos síntomas de la depresión. Tristeza, pérdida de interés, falta de sueño y apetito, disminución de la energía y dificultades para trabajar son la imagen clásica de la pena profunda. Un trastorno depresivo mayor no se debería diagnosticar si la persona no tiene ideas suicidas o delirantes ni presenta síntomas graves, prolongados e incapacitantes."
> Rabietas de los niños. "Lo han bautizado como trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo... Se convertirá en un cajón de sastre para medicar a niños que no lo necesitan, dependiendo de la tolerancia del médico, la familia o el colegio a estos niños 'incómodos'. Un berrinche es una forma de expresar rabia o angustia. Casi nunca es señal de un trastorno. Las rabietas comunes es mejor ignorarlas. Las persistentes pueden requerir una valoración."
> Problemas de memoria en la gente mayor. "Los mayores olvidan dónde han dejado las llaves o las gafas. La pérdida de capacidad mental es ya una afección: trastorno neurocognitivo menor. Califica a gente que no sufre aún demencia, pero que, al mostrar signos de deterioro, podría desarrollarla en el futuro. Lo defendería si hubiese una terapia preventiva, pero no existe. Sí habrá un boom de tomografías, punciones lumbares y medicaciones. La industria médica hará su agosto."
> Falta de concentración. "El trastorno por déficit de atención, que prolifera entre los niños, también causará una epidemia en adultos. Se diagnosticará a gente insatisfecha con su capacidad de concentración, a universitarios en época de exámenes, a gente que necesite mantenerse alerta muchas horas, a camioneros... Abre la puerta para recetar estimulantes que mejoren el rendimiento, y también con fines recreativos: un coladero para el mercado ilegal."
> Glotonería, obesidad. "Se llama trastorno por atracón. Basta con darse una comilona a la semana durante tres meses para padecer esta supuesta enfermedad. Lo padecería el cinco por ciento de la población, pero su diagnóstico se disparará en cuanto el público y los médicos sean 'educados' por la industria farmacéutica. Sería una respuesta a la epidemia de obesidad, pero esa epidemia no es fruto de un trastorno psiquiátrico, sino de los malos hábitos alimentarios."

No hay comentarios:

Publicar un comentario