sábado, 4 de octubre de 2014

¿CON QUÉ TE ALIMENTAS? JOSEP PÁMIES.


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Josep Pámies cultiva plantas y flores para consumo medicinal o culinario. Es autor del libro titulado “Una dulce revolución” y que está abriendo muchas mentes y muchas conciencias. 
Parece mentira, pero detrás de una planta se puede estar fraguando una de las más potentes revoluciones silenciosas de la humanidad. No sería la primera vez. 
El título “Una dulce revolución” hace referencia a una planta, la Stevia, cuanto más se investiga, más propiedades se le descubren.
En realidad tiene dos significados. Uno es éste que comentas, las propiedades de la Stevia. El otro es que hay que cambiar el mundo. 
Cuando una revolución se hace con violencia, esa violencia se te vuelve en contra como un boomerang. Las dulces revoluciones, o las revoluciones pacíficas, a largo plazo, son imparables. Puede que a veces tengamos desesperanza porque no avanzamos más en progresar en algunas ideas, pero es calando poquito a poco, como lluvia fina, es como estas revoluciones se van a implantar en nuestra sociedad.
Cuando es por la fuerza bruta, los contrarios ya tienen un motivo para atacarte, para desprestigiarte. De esta otra forma no pueden, son ellos los que van a atacarte a ti. Es el sistema que utilizó Gandhi. En aquella época, en la India, estaba prohibido hacerte tu propia sal, había que comprarla al monopolio inglés y Gandhi cogió un cubo de agua salada, se hizo su propia sal y le costó ocho años de cárcel, pero al día siguiente había 50.000 hindús que hacían lo mismo y fue inviable la cárcel para tantas personas. 
Así que, con calma, la dulce revolución propone, en base a las plantas medicinales, hablar de sus propiedades aunque esté prohibido hablar de ellas, para que la gente pueda entender por qué una planta está prohibida si se consiguen tantas maravillas de ella, por qué esa planta que utilizo cada día me evita tener que inyectarme insulina, por qué esta planta me evita un cáncer o me lo cura, por qué esta otra me deshace cálculos del riñón y la sanidad pública no me la recetan.
Si nosotros, desde nuestra pequeñez, cambiamos ese modelo económico, como individuos o como asociaciones, eso va a cambiar, paulatinamente, otra vez. Por eso vale la pena empezar una revolución pacífica empezando por el consumo de una planta como es la Stevia, en la línea de lo que tanto tiempo atrás Gandhi propugnó.
A nosotros, trabajar con la Stevia nos costó muchos expedientes y estuvimos a punto de que nos embargaran secciones importantes de la empresa. Al final la Administración se atemorizó y se echó para atrás. Esta desobediencia nuestra ha hecho que incluso el Carrefour, una de las multinacionales de la comida basura tenga Stevia en su formato prohibido, es decir en hojas, vendiéndola. Si las grandes empresas empiezan a hacer lo que defendemos los ciudadanos de a pie, significa que vamos bien, vamos por el buen camino.
Hace 15 años me decidí a cultivar la Stevia, quise comprobar por mi cuenta si era verdad lo que se decía que podía curar la diabetes o mejorarla muchísimo cuando ya se tiene que depender de la insulina, si curaba la hipertensión, si curaba el colesterol, los triglicéridos. Parecía imposible que una sola planta hiciera tantas cosas. 
Empecé a sembrar, empecé a regalar plantas, para ver si retornaban en forma de comentarios y retornaron en forma de comentarios maravillosos. Los medicamentos están hechos para convertir las enfermedades en enfermedades crónicas. Es evidente que la mayor parte de los medicamentos salen de las plantas, pero solo sacan aquel principio que suaviza los síntomas de la enfermedad, pero los otros principios, los que se utilizarían para eliminar la enfermedad, no nos los aportan a través de las medicinas tradicionales.
La dulce revolución propugna esos cambios en nuestra organización, además de cambios en nuestra dieta y una alimentación limpia de transgénicos, de productos libres de aditivos químicos, poder reconocer las plantas, como se reconocían.
Cada planta tiene sus propiedades, unas son curativas, otras pueden hasta matarte. Hay otras, como el Aloe Vera, que tienen tantas propiedades que es imposible enumerarlas todas. ¿Cómo es posible que la Sociedad haya podido olvidar colectivamente que estas plantas existen y para lo que sirven?
Lo curioso es que hay cientos de estudios científicos que avalan aquello que nuestros abuelos ya nos decían. Las farmacéuticas solo sacan una parte de los principios activos, no la totalidad, porque si sacan la totalidad, nos curan. Y si nos curan, no hay negocio.
Ahora tenemos la suerte de que, con Internet está todo mucho más cerca de lo que jamás había estado antes. Podemos poner el nombre científico de una planta y te aparecen cientos de estudios sobre sus principios activos. 
En Barbastro hay una monjita, Sor Josefa, que ha vivido haciendo de misionera durante más de 40 años. Ella les llevaba cada cierto tiempo una botellita de Aloe Vera con miel. Esta mezcla cura muchas enfermedades, incluso algún tipo de cáncer muy especifico. Los presos cuidaban de ella para que no le pasara nada, incluso le salvaron la vida un par de veces, porque sufrió atentados de los propios policías que custodiaban la prisión, porque curaba a presos que ellos querían que murieran. Aquí ahora está revolucionando Barbastro y alrededores, dando botellitas de Aloe Vera con miel, y ha conseguido curar hasta algún cáncer. Es impresionante.
¿Cómo se consumen estas plantas medicinales si están prohibidas?
Está prohibido venderlas, no su consumo ni su posesión. 
Un par de infusiones al día son suficientes para diabetes, colesterol, hipertensión, triglicéridos… Una en ayunas siempre es la más efectiva. Y si tienes la plantita en casa, pues tres o cuatro hojitas bien masticadas en ayunas y otras cuatro por la noche cuando vuelves de trabajar. Te las comes directas de la mata.
Es una forma muy cómoda de hacer la revolución…
¿Quién se puede oponer a eso?  Hemos de volver a comer más sano y más saludable. En las grandes superficies podemos encontrar alimentos que nos vienen de todas partes del mundo, pero que tienen que conservarse durante mucho tiempo, por el transporte y el tiempo de exposición. 
Todos estos alimentos están tratados de alguna manera para conseguir que duren frescos más tiempo. Algunos de ellos han sido irradiados con una bomba de cobalto, lo que convierte a esos alimentos, de alimentos frescos a alimentos muertos, para conseguir que un tomate esté ahí dos meses y no se pudra. Mirad las etiquetas a ver qué dice, porque aquí no hay narices de poner “producto irradiado con bomba de cobalto”, ponen “alimento ionizado”. Cuando pone ionizado es que está desinfectado con bombas de cobalto, las mismas que nos irradian a nosotros con la radioterapia cuando tenemos cáncer. Y con eso tratan a muchos alimentos para que no se pudran y se aguanten sin merma en las estanterías.
Lo mejor es comer de lo que te da tu huerto, del agricultor que vive al lado de casa, de la pequeña tienda que te garantice la calidad y el origen de los alimentos, de las cooperativas que hacen verdaderos esfuerzos para comercializar el maíz no transgénico… 
Cómo me queda el cuerpo después de escucharle. Ahora cualquiera se come un bocadillo de lo que sea…
El pan te lo puedes hacer en casa. Es fabuloso.
Fragmentos del artículo de Jaume G. Castro.

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