viernes, 9 de julio de 2010

YOGA



Cómo ejecutar y mantener correctamente un Asana

Articulo publicado en la revista de Yoga de A.V. Lysebeth nº 105, pag.28



Si bien es evidente que el Yoga no se limita a los Asanas, también lo es que los Asanas constituyen los cimientos de esta ciencia, tanto en lo que se refiere a los aspectos predominantemente físicos como en lo referente a las técnicas mentales, en especial la meditación. Los Asanas no constituyen únicamente la puerta de entrada al Yoga denominado corporal, sino que son una vía de acceso universal hacia los diferentes desarrollos fisiológicos del Yoga. Ser capaz de ejecutar correctamente los Asanas es una condición sine qua non para cualquier adepto al Yoga.
Antes de estudiar en detalle las condiciones de ejecución necesarias, recordemos que un Asana es:

1- una posición corporal mantenida
2-inmovil
3-durante largo tiempo o un tiempo determinado
4-sin esfuerzo
5-con control de la respiración y de la mente
Para que se produzca un Asana y, por consiguiente, para que sea Yoga es preciso y suficiente que se den todas estas condiciones.
En los Asanas yoguicos, los músculos se colocan deliberadamente en una posición excepcional, incluso anormal, lo cual no significa que sea antifisiológico, sino todo lo contrario.
Debemos ser conscientes de que el estado en el cual se encuentran los músculos mientras mantenemos un Asana es fundamentalmente diferente al de cualquier otra situación de la vida normal, tanto en la practica del deporte, de la gimnasia, en el trabajo o en estado de reposo.
Para comprender la diferencia existente entre estas actividades y los Asanas yóguicos, seamos ingenuos y hagámonos la siguiente pregunta: ¿Cual es la característica principal del tejido muscular? La contractilidad, evidentemente. Debido a que el músculo puede contraerse,
encogerse, es capaz de poner el esqueleto en movimiento( sólo nos referimos aquí a los músculos voluntarios unidos al esqueleto). Sea cual sea el movimiento voluntario ejecutado, necesariamente será provocado por la contracción de uno o varios músculos. En el Yoga- y unicamente en el Yoga- los músculos se estiran sistematicamente. Este estiramiento es una característica esencial en los Asanas en oposición a las demás disciplinas físicas y a cualquier otro tipo de trabajo.



El límite de elasticidad normal del músculo
Además de la propiedad de contraerse, el músculo tambien tiene la de ser elástico, pero su elasticidad difiere mucho de la del caucho, por ejemplo. Mientras que el caucho puede estirarse hasta que se rompe, el músculo alcanza en seguida su límite normal de elasticidad. A medida que se acerca a esta frontera, se manifiesta una gran resistencia. Todos los movimientos, ya sean rápidos o lentos, se sitúan en esta zona de elasticidad normal del músculo, y es ella la que determina el grado de flexibilidad o rigidez de un individuo determinado.
No obstante, los Asanas yóguicos, pretenden ir Mucho más allá de este límite de lasticidad normal del músculo. Las condiciones de ejecución de los Asanas derivarán de una serie de propiedades del músculo al hallarse éste en una situación particular en la que se le exige que vaya más allá de su límite de elasticidad habitual. El músculo acepta transgrdir esta frontera, pero pone una serie de condiciones. Veamos cuáles son:
1- que se le permita relajarse.Cuando un músculo alcanza la frontera de la lasticidad acostumbrada tiende a ponerse en situación de defensa, a contraerse para protegerse. Esta reacción natural de defensa debe ser eliminada, y ello solo se consigue por medio de la relajación voluntaria. En cuanto los músculos empiezan a "tirar", es preciso relajarse e impedir que se sitúen en su reacción de defensa. Cuando percibimos la resistencia al estiramiento podemos llegar hasta el sufrimiento agradable, es decir, a esa sensación de estiramiento que sería dolorosa si en aquel momento forzáramos. Es preciso, pues, con mucha calma interiorizarse en los músculos que se resisten y, con voluntad, persuadirlos de que suelten. Nos ayuda el hecho de entender lo que en aquellos momentos pasa en el músculo y tambien la espiración, que ayuda al músculo a relajarse, es decir, con cada esoiración nos dejamos ir un poco más.

2- que le demos tiempo suficiente. En la práctica del Yoga se excluyen las prisas. En el límite de la elasticidad habitual, el músculo cambia de longitud casi instantáneamente. Cuando llegamos al límite, el músculo acepta que lo estiremos a condición de estar relajado, pero tambien de que le dejemos el tiempo suficiente. Esto supone una tracción que dura varias decenas de segundosa, como mínimo. Una vez sabido esto, basta con esperar para sentir cómo los músculos ceden progresivamente a la tracción y se estiran.

3-que evitemos cualquier movimiento brusco durante el estiramiento.
Imaginemos el músculo, primero relajado, después, progresivamente estirado más allá de su límite habitual. Es comprensible que en ese momento no podamos intensificar el estiramiento con ayuda de un agente exterior, por ejemplo con un empujón. El músculo ya no dispone de ningún margen de seguridad, es vulnerable. Por regla general, no corremos ningún riesgo si dejamos que los asanas "se hagan", incluso si añadimos cierta tracción de forma progresiva. El peligro aparece si damos un empujón. En algunas escuelas de Yoga, el maestro hace uso sistemáticamente del empujón. Para evitar cualquier riesgo si estamos tentados a imitar este ejemplo, es preciso saber en que momento debe empezar ese empujón:
-al inicio de la segunda fase.
Cuando estamos muy relajados y hemos permanecido inmóviles durante uno o dos minutos (en la fase maxima de la pinza por ejemplo) si en ese momento alguien nos diera un empujón en la espalda, podria producirse un tirón muscular. Si deseamos fervientemente la ayuda de una presión exterior, de un empuje, es preciso aplicarlo desde el inicio de la fase de relajación del músculo, cuando se halla a punto de franquear la línea de elongación normal para entrar en la fase de estiramiento.
Cualquier crispamiento, cualquier temblor del músculo indica que éste no está relajado.
Po eso sera preciso estar más concentrado o más interiorizado en el grupo muscular sometido al estiramiento durante el asana
a medida que nos acerquemos a la máxima intensidad de la postura.



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